Un lustro sin carne (y algo menos sin pescado)

Hoy, 17 de abril del 2019, hace cinco años que comí carne por última vez. Estaba segura de mi decisión, así que me despedí por todo lo alto: con mi amiga del alma y su familia; comí cocido montañés (delicioso) y de segundo cabrito… Cada vez que pienso ahora en el pequeño bebé cabra que me zampé me da una pena…

¿Por qué me hice vegetariana?

Por salud. A raíz de una enfermedad importante (por favor no preguntes, no estoy lista para hablar sobre ello) empecé a informarme sobre causas y demás; una y otra vez aparecía el tema de la alimentación por el medio. El hecho de ser consciente de lo que realmente me metía en el cuerpo al comer y las consecuencias que esto traía, o me podía traer, me hizo empezar a plantearme el hecho de pasarme a una vida vegetariana (yo que llamaba “lechuguitas” a un conocido porque me parecía surrealista que no quisiera comer jamón; yo que alucinaba en colores cuando una compañera de trabajo, y buena amiga, me explicaba que desde niña era incapaz de comer carne)

¿Cómo me hice vegetariana?

Tras recuperarme de mi operación, hice un viaje por Tailandia y Myanmar. En estos países, aunque alguna que otra vez comí carne, empecé a comer más platos vegetarianos (dejándome llevar por la gastronomía del lugar) Al volver a España y volver con mi manera de comer habitual me di cuenta que mi cuerpo, y yo misma a nivel anímico, se sentía mejor con la ausencia de carnes en el organismo.

Comida vegetariana en Myanmar. Chusa Cuendias 2014
En Myanmar: pasándome al vegetarianismo casi sin darme cuenta. Se me ve feliz ¿no?

 

¿Por qué dejé el pescado también si parece ser que es más sano que la carne?

Honestamente, cuando tomé la decisión pensaba solamente en carne pero la transición fue natural. Al mismo tiempo que había abandonado la carne, el pescado había salido de mi vida casi sin ser consciente de ello.

 

¿Pensé alguna vez en los animales para motivarte en la elección? 

No, y absolutamente no. Aunque algo sí que me pasó: desarrollé una sensibilidad que no tenía cuando tomé la decisión. Con el tiempo me empezaron a venir cuestiones a la cabeza del tipo ¿cómo no he pensado nunca en el sufrimiento de un animal al morir?

 

¿Soy vegetariana o vegana?

A raíz de esta sensibilización que se fue despertando en mi, me he ido decantando por un estilo de vida cada vez más vegano. Aunque hago excepciones: sigo recurriendo a la miel para los catarros; me encanta disfrutar de una tabla de quesos en compañía de mi chico o amigos, y de vez en cuando, como huevo, leche o mantequilla (normalmente por facilitar la existencia cuando estoy de invitada en una casa o cuando tengo que comer fuera de casa y no hay más opciones)

 

¿Tuve que aprender a comer?

Sí, de hecho creo que todos, hasta los omnívoros deberían aprender a comer. Yo acudí a una profesional (también hablé de esto con mi médico) ya que por mis problemas de salud no debo comer mucho lácteo o huevo.  La nutricionista a la que consulté me recomendaba carne ecológica y pescados pequeños una vez a la semana, pero respeta mi decisión y me enseñó a comer y equilibrar mis platos para que no me falte de nada.

Pasta con verduras y cacahuetes. Chusa Cuendias. Marzo 2014
En mis primero intentos vegetarianos ante los fogones me inspiraba en lo que había comido en Tailandia y Myanmar

¿Qué fue lo que más me costó?

Que la gente cercana a mi lo aceptara. Cuando llevas haciendo algo “toda la vida” no es fácil hacer entender que no lo vas a volver a hacer, y que no quieres hacer ninguna excepción  porque, según ellos, no pasa nada. Hubo ocasiones en los que me llegó a dar vergüenza e inseguirdad mantenerme en mi decisión.

¿Echo de menos la carne?

NO; de hecho creo que si la echara en falta debería replantearme mi elección. Desde que soy vegetariana soy algo más sensible a los olores del frigorífico/cocina; el olor a carne me suele provocar más rechazo que tentación… Con respecto a este punto, me molesta bastante que la gente me intente “tentar” con sus platos de carnazas sangrientas… Yo no voy por ahí pasando trozos de seitán por las narices a nadie 😉

¿Soy una activista defensora de los animales?

Depende de lo que entiendas por activista. Si es compartir mi experiencia y creer firmemente en que la industria de la carne nos ha generado esa creencia/necesidad de comerla a diario, sí. Si, por el contrario, crees que el activismo es imponer mi razón por encima de los demás no.

¿Nunca más voy a comer animales?

Sinceramente, espero que no. Pero nunca diré nunca porque lo que si que hago es escuchar y respetar mi cuerpo: si un día mis necesidades o mis propios ideales cambian, mi alimentación cambiaran con ellos ya que esto para mi no es una cuestión de moda o de demostrar nada a nadie, es una cuestión de vivir mi vida como mejor me sienta a mi.

 

Esta entrada no está escrita con la idea de mover conciencias, solo es mi experiencia personal de la manera más sincera posible. Si me estás leyendo porque estás interesad@ en el veganismo/vegetarianismo te invito a que leas mi entrada sobre “Los lunes sin carne” a lo mejor aquí encuentras alguna motivación/idea extra 😉 Comentarios con dudas o compartiendo otras experiencias (aunque sea contraria a la mia) son bienvenidos 🙂

Autor: Chusa

Filóloga Hispánica (reconvertida a Porfesora de Yoga y masajista) intentando escribir un blog sobre Yoga, Viajes y asuntos varios

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